Iglesia de los Jarrito

Misteriosa y peculiar al mismo tiempo, la iglesia de los Jarritos es un claro reflejo de los tesoros escondidos que viven en la serranía poblana. Aunque su nombre oficial sea el de Santuario de Guadalupe, toda la gente y curiosos visitantes la conoce por una serie de objetos en particular: un camino de jarritos de barro que cuelgan del cielo hasta el suelo. Una edificación que maravilla por sus tintes neogóticos y la tradición de los fieles poblanos.

Un camino de barro

El Santuario de la Virgen de Guadalupe, mejor conocida como la iglesia de los Jarritos, comenzó su edificación durante finales del siglo XIX. Tras seis años de intenso trabajo, la construcción fue finalizada bajo el mando del arquitecto galo Violet Le Duc. El mismo arquitecto que dio vida al Santuario de la Virgen de Lourdes en Louvre, Francia.

La fachada de la iglesia de los Jarritos cuenta con un estilo neogótico que también puede verse en su interior. Al frente se encuentra el cementerio de la ciudad en donde se encuentran diversas tumbas con estilos ornamentales.  A pesar de toda la hermosura de esta construcción, un detalle en común, destaca de todo el resto.

Se trata de una serie de jarritos de barro que, hilados desde adentro, adornan la torre de la iglesia simulando los nobles y cafés cabellos que cuelgan de su cabeza. Esta serie de objetos le dan un aspecto tan elegante y folclórico. Al mismo tiempo recuerdan lo más icónico de las tradiciones mexicanas y lo más trascendental de la arquitectura europea.

Finalmente, al interior del santuario se pueden observar una bóveda de nervaduras dotada de molduras de madera. El pulpito, tallado en finas maderas por el poblano y cueztalteco, Jesús Mora, cuenta con una esplendorosa imagen de la virgen de Guadalupe. La iglesia de los Jarritos se encuentra en la calzada de Guadalupe dentro del Pueblo Mágico de Cuetzalan.

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